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Leyenda del camalote

Una vieja leyenda Guaraní cuenta que antes, en el Rio Paraná, no existían los camalotes, antes, cuando no habían llegado los españoles, en las orillas del río vivían los Guaanies. Fue en 1526 cuando los hombres de Diego García remontaron el mar Dulce y luego el Paraná, llegando a la desembocadura del Cararañá y encontrándose, a orillas, con un pueblo que habitataba la zona, quienes los ayudaron a descargar los barcos y se ofrecieron a trabajar para ellos solo a cambio de hachas de hierro. Así fue que una joven Guarani se enamoró de un soldado de García, así fue que durante el verano ellos se amaron, nadaron juntos en el rio, ella le enseñó la selva y él el bergantín anclado en la costa, él probó el abatí (Maiz en guaraní), el chipá, las calabazas, y ella el amor diferente de un extranjero. Mientras tanto, las relaciones entre los españoles y Guaraníes se iban desbarrancando, Los españoles demostraron no saber cumplir los pactos y humillaron a los aborígenes con malos tratos, después que aquellos los habían ayudado a sobrevivir. Así fue que una noche los Guaraníes se cansaron de tener huéspedes tan soberbios e incendiaron el fuerte. Los pocos españoles que sobrevivieron decidieron volver a su tierra. La joven, desesperada por encontrar su amado, llegó a la orilla y vio como los barcos se alejaban hasta perderlos en la lejanía. Durante esos días la joven lloró y sufrió el abandono, hubiera querido tener una canoa, las alas de una garza o cualquier medio que le permitiera ir en busca del culpable de su pena. Esos pensamientos los escucharon los Poras, espíritus vinculados con los animales y las plantas de la costa quienes una tarde cumplieron su deseo y la convirtieron en camalote. Por fin se alejaba de la orilla, por fin flotaba en el agua fresca, como una verde balsa arrastrando consigo troncos, plantas y animales, dando albergue a todos los expulsados de la costa, eternos viajeros del rio.